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Mis andanzas por Santiago.

Este mes hemos cumplido años de matrimonio. Son muchos desde el comienzo de los 70’s hasta la primera década del siglo XXI, pero seguimos unidos, sacando adelante los hijos y comenzando a llegar los nietos.

Me sorprende que me sienta tan joven y con tantas cosas que deseo hacer. Bueno taaaaan vieja no soy, tengo 58 bien conservados y no los represento, aunque al engordar como lo he hecho el último año siento que pierdo agilidad y que ahora sí se me debieran notar los más de 11 lustros vividos.

Esto de la pérdida de agilidad por la vida sedentaria y los kilates de sobra se me hicieron patentes ayer, cuando debí salir a hacerme unos exámenes médicos y se me ocurrió salir de “turista” en mi propia ciudad usando el Metro y las micros para movilizarme. Sí, con todas las escaleras que debí subir, bajar y bajar y subir en más de un tramo me puse detrás de algunos que antes me hubiese saltado al pasar corriendo por su lado y ahora los comprendía perfectamente cuando bufaban elevando paso a paso su humanidad deteriorada y pesada tirando de los pasamanos y  por los peldaños.

Cuando a uno le pasan las cosas, comprende de un viaje la necesidad de rampla, ascensores y facilidades para moverse que necesitan las personas limitadas en su capacidad motora. Nada mejor que sufrir para comprender, como siempre.

Por otro lado, me sentía como en un país extranjero, igualmente novedoso todo, y es que realmente hasta lo conocido de siempre ha cambiado -para mejor generalmente- y se va viendo otra cara a los barrios.  Como decidí hacerme las ecografías de alta resolución en el centro médico de la Universidad Católica del campus San Joaquín, para ir acompañada de mi hija que estudia ahí, pasé por la nueva sede de Inacap del paradero cinco. ¡Preciosa! ¡qué manera de cambiarle el pelo al barrio! me decía mi hija que hay otra universidad que está evaluando construir su campus ahí, en el sector, con lo que se crearía un barrio universitario de calidad donde antes sólo hubo industrias.

Es rico sentarse ante el teclado e ir vaciando lo que salga, sólo con el compromiso de ser honesta conmigo misma. No debo ni enchular, ni ser muy coherente siquiera acá. es mi casa, ya lo he dicho, y el que llegue, si es que llega puede relajarse y sacarse la chaqueta. Yo le convido café caliente o cerveza fría, depende del hemisferio del que navegue y nos deleitamos en mutua compañía con mis pares blogueros -que acá no hay edades- sólo páginas en blanco para proponer un tema y un formulario de comentarios para decir lo que nos parezca. Libertad total educadamente.

Asumir “las charchas”

Voy cumpliendo años, qué duda cabe; si así no fuera, estaría muerta o sería una demente, y la verdad es que estoy bastante bien así, pero hay un detalle que no me gusta nada: asumir las “charchas”, o sea los rollos de grasa en el abdomen, los pliegues de piel sobre el idem, las estrías que me dejaron mis embarazos, y muchos recuerdos de ese tipo que deja la vida de una mujer que tiene 58 años. Y no reniego de lo que ha constituído mi paso por la tierra, ¿ah?

He tratado de que no se me caiga la papada, herencia de mis abuelos belgas que las han tenido tales, que podrían ser el paradigma de lo que es una PA-PA-DA. ¡Doña papada que se han gastado! y yo les estoy haciendo honor, aunque puede que de tanto odiarla la vea mayor de lo que es. En todo caso, he decidido asumir mi perfil desperfilado por ella y relajar mi cuello que cada tanto tiene dolores “atorticolados” de tanto forzar los agotados músculos de ese sitio, cansados por la gravedad y los años que llevo sobre el planeta con éste ejerciendo su influjo sobre mis carnes.

Trato de decirlo con humor, pues pudiera ser que sea lo único que me salve de la decrepitud. ¿No dicen que se es joven mientras uno tiene este cada vez más escaso don de encontrar el lado bueno y simpático de las cosas y también con tener proyectos? bueno, ambos los tengo bastante desarrollados y ejercidos, pues como proyecto el comenzar este nuevo blog vale, creo yo.

Me gusta escribir acá. Es relajado. No me he propuesto ni ser popular en la blogósfera, ni perder mucho tiempo en enchular el sitio, aunque claro, la estética me importa, pero acá no es lo principal. Así como debo asumir mi deterioro físico, puedo asumir que esta es MI casa bloguera y que puedo andar en chancletas por ella. A mis amigas las recibiré, si es que llegan, en negliyé (quién sabe cómo se escriba eso) y la conversación y un buen café será la compañía.  ¿Comenzamos con un buen comentario? y eso no quiere decir que debas asentir a todo. También es bueno cambiar opiniones.

Cascada de las generaciones (I)

Sobre los padres de mi padre

Mi padre no estudió una carrera; ni siquiera terminó el colegio en forma normal; casi no asistió regularmente, pues era hijo de un terrateniente bastante importante y supuestamente, su reemplazante en los negocios familiares.  Mi abuelo paterno era hijo único y heredero de la considerable fortuna de su padre belga, lo que permitió que mi papá hiciera parte de su su vida escolar entre institutrices, internados que no terminaba por faltar mucho y un largo etc de niño mimado de una madre absorbente, sobreprotectora, neurótica y bastante déspota, llena de conflictos por muchas de sus circunstancias. La verdad es que mi abuela es un puzzle para mi; no termino de encajar las piezas y hay algunas que no poseo, pues la dama tenía zonas bastante oscuras. Hasta alguna fama de bruja -no desmentida jamás por ella-  corría sobre sus actividades.

Dame tu fortaleza

Quiero acometer en serio mis propósitos de aprovechar el tiempo y todo lo demás. Honestamente, el computador me toma mucho tiempo en cosas bastante inútiles y dejo lo demás. Malo, malo…. es bueno ésto sin descuidar aquello.

Pido a Dios por mi perseverancia y mi diligencia. Meta siempre arduas para mí.

¿Qué pretendo con este blog?

Ya tengo otros blogs…¿uno más? sí, pues este es para mí, para ser muy honesta sin necesidad de decir cosas que no estaría dispuesta a asumir dando la cara ante mis amigos. Será anónimo, con un nick, pero soy yo, la misma, que desea expresarse con sinceridad.

Probablemente no visite a otros ni responda los comentarios que eventualmente pudieran llegar a escribirse acá, tampoco lo haré por promocionar mis dichos ni ser conocida en este mar de la web. Quizás tampoco ponga muchas imágenes. No lo sé, pero esa es mi idea: ser honesta conmigo ante todo, y escribir mis cosas cuando lo necesite o desee, sin presiones para tener una visión más objetiva para ser mejor persona si Dios me ayuda. Soy creyente.

Por ser un blog intimista necesariamente hablaré mucho en primera persona. Lo siento.